Ciudad Jaraguá: de un terreno a 700 propietarios y una comunidad completa

Cómo nació Ciudad Jaraguá, con más de 700 propietarios en el noroeste de San Pedro Sula, y qué enseña construir una comunidad completa.

Vista aérea de Ciudad Jaraguá, desarrollo residencial en el noroeste de San Pedro Sula

Mi relación con los bienes raíces comenzó antes de Microenvases, y comenzó casi por casualidad. A principios de los años noventa llegué a San Pedro Sula como gerente regional de Arrendamientos y Créditos S.A., ACRESA, una empresa del Grupo Financiero Atlántida dedicada al arrendamiento financiero de bienes muebles.

En ese momento yo estaba alquilando mi vivienda, y un amigo banquero me hizo una pregunta muy sencilla que se me quedó grabada: “¿Por qué estás rentando? Deberías comprar.” Las condiciones financieras de ese momento eran favorables, seguí su consejo, y compré mi primera casa. Aquello me permitió comprender algo que después sería central en mi vida empresarial: los bienes raíces, bien escogidos, no solamente conservan valor, sino que pueden convertirse en vehículos generadores de renta.

De Plaza Valencia a un desarrollo urbano

Poco tiempo después de aquella primera compra surgió la oportunidad de desarrollar Plaza Valencia, un pequeño proyecto de ocho locales comerciales. Ese fue, realmente, mi comienzo en el desarrollo inmobiliario.

Lo interesante es que no entré a este negocio siguiendo un gran plan previamente diseñado. Comencé con una decisión patrimonial bastante sencilla y, a partir de ella, fui descubriendo un negocio completo. Con el tiempo, aquello que comenzó como una inversión personal se convirtió en una estrategia de diversificación, y posteriormente en una actividad empresarial importante por derecho propio.

Cómo evalúo si un terreno tiene potencial

He aprendido que uno no debe analizar solamente dónde está una propiedad hoy, sino dónde estará esa zona dentro de diez o quince años. Hay que estudiar accesos, infraestructura, servicios, topografía, seguridad, crecimiento urbano y, sobre todo, identificar quién será el usuario final.

También he aprendido que algunas de las mejores oportunidades no necesariamente parecen extraordinarias cuando se presentan. Reconozco haber dejado pasar terrenos que me ofrecieron y cuyo potencial no fui capaz de visualizar en su momento. Años después uno pasa frente a esos terrenos y comprende la oportunidad que tuvo enfrente. Los bienes raíces tienen mucho que ver con anticipar hacia dónde se moverá la ciudad, no con fotografiar cómo es hoy.

Los errores que hoy procuro no repetir

Uno de los errores más importantes que he cometido ha sido quedarme corto con los estacionamientos. Cuando un proyecto no tiene suficientes espacios, uno puede haber construido un excelente edificio y, sin embargo, haber creado un problema difícil de solucionar después. Por eso hoy considero el estacionamiento uno de los elementos fundamentales del diseño, y no un espacio residual que se resuelve al final.

Otro aprendizaje importante ha sido entender el efecto del tiempo y de la inflación. Un edificio puede tardar uno, dos o más años en construirse, y en economías como la nuestra, los precios de materiales, mano de obra y financiamiento pueden cambiar significativamente durante ese período. Por eso no se puede calcular la rentabilidad de un proyecto utilizando únicamente los costos del día en que comienza: hay que construir escenarios y prever que los costos van a cambiar.

Cómo ha cambiado la demanda en el noroeste de San Pedro Sula

Hace diez o quince años, el noroeste de San Pedro Sula todavía podía verse como una zona de expansión. Hoy se está consolidando como uno de los sectores más importantes para el crecimiento residencial de la ciudad.

Pero también ha cambiado lo que busca el comprador. Ya no se trata únicamente de adquirir metros cuadrados dentro de un edificio o una vivienda. Las personas buscan seguridad, áreas verdes, lugares para caminar, parques, vistas, espacios para sus hijos y calidad de vida en general.

Eso es precisamente lo que hemos intentado desarrollar en Ciudad Jaraguá. Actualmente tenemos más de 700 propietarios, y hemos creado un entorno donde se puede caminar, practicar ciclismo, disfrutar parques y áreas verdes, y tener una relación mucho más cercana con el exterior. Jaraguá se ha convertido también en una de las locomotoras que mueve el desarrollo del noroeste de San Pedro Sula, generando miles de oportunidades de trabajo y una derrama económica importante para la ciudad a lo largo de sus distintas etapas.

Ubicación, concepto y capacidad de ejecución

Para mí hay tres elementos fundamentales que diferencian a un desarrollo residencial exitoso de uno que fracasa: ubicación, concepto y capacidad de ejecución.

La ubicación siempre será importante, pero un buen terreno con un mal concepto puede convertirse en un mal proyecto. El diseño tiene que responder a la forma en que la gente realmente quiere vivir, no a lo que el desarrollador asume que quiere.

Después viene la infraestructura. En Ciudad Jaraguá hemos invertido en sistemas pluviales, tratamiento de aguas residuales, servicios eléctricos subterráneos, parques, jardinería, seguridad, calles, aceras y tecnologías constructivas que buscan integrarse al entorno en lugar de imponerse sobre él. Y finalmente está la capacidad de terminar lo que se comienza: en bienes raíces, la credibilidad del desarrollador es tan importante como el proyecto mismo.

Hoy estamos preparando la Torre 2 de Cumbres de Jaraguá, y nuestro concepto tiene una diferencia importante frente a otras torres que se desarrollan dentro del tejido urbano tradicional: en Jaraguá, la torre forma parte de una comunidad previamente desarrollada. Quien vive allí no solamente compra un apartamento; tiene parques, calles, aceras, áreas verdes y espacios donde puede caminar, hacer ejercicio o practicar ciclismo. Creo que el futuro de la vivienda vertical no será solamente construir hacia arriba, sino construir verticalmente sin renunciar a la calidad de vida que ofrece una comunidad completa.

Un modelo de rentas, no solo de ventas

Con los años he aprendido también la importancia de mantenerme dentro de lo que conozco, sin sentir la necesidad de entrar en cada nueva modalidad inmobiliaria simplemente porque esté de moda. Una parte importante de nuestra estrategia ha sido desarrollar y conservar inmuebles que generen rentas. A través de Inversiones Ibéricas administramos actualmente más de 100 oficinas, apartamentos y locales comerciales en Tegucigalpa y San Pedro Sula.

Me gusta ese modelo porque produce un flujo de renta relativamente estable, que a su vez ayuda a financiar nuevas construcciones y permite continuar desarrollando patrimonio. Es una filosofía distinta a construir exclusivamente para vender: construir, conservar activos y generar rentas permite crear una base patrimonial que se fortalece con el tiempo.

Un proyecto hecho con cariño

Ciudad Jaraguá ha sido objeto de controversias y señalamientos públicos con los que no estoy de acuerdo. Mi posición siempre ha sido sencilla: los hechos, los permisos y las resoluciones correspondientes pueden verificarse. Prefiero que Jaraguá sea juzgada por sus obras y por la comunidad que existe allí.

Hoy, cuando recorro sus jardines, sus calles, y veo a cientos de familias que han hecho allí su hogar, siento satisfacción. No solamente por lo que se ha construido, sino porque tuve la oportunidad de participar en la formación del equipo que lo concibió y desarrolló. No queríamos simplemente lotificar un terreno; queríamos construir una comunidad, y creo que eso es, al final, lo que distingue a un desarrollo que perdura de uno que solamente se vende.

Si estás evaluando un terreno o un proyecto residencial en San Pedro Sula o Tegucigalpa y quieres conversar sobre cómo pensar su potencial a diez o quince años, con gusto compartimos esa experiencia.